«El mundo era como un buffet, y yo estaba allí con el plato vacío», confiesa Adriana Lima en una entrevista para el número de febrero de Vogue Adria. Y estas palabras suenan como una revelación en la que cada mujer se reconoce cuando por primera vez toma conciencia de la magnitud de sus sueños y de su propia fragilidad frente a ellos.
«El mundo era como un buffet, y yo estaba allí con el plato vacío», confiesa Adriana Lima en una entrevista para el número de febrero de Vogue Adria. Y estas palabras suenan como una revelación en la que cada mujer se reconoce cuando por primera vez toma conciencia de la magnitud de sus sueños y de su propia fragilidad frente a ellos.
Adriana no es solo una supermodelo. Es una diosa moderna, una Afrodita alada que durante décadas ha convertido la pasarela en un templo de belleza y fuerza. Su camino comenzó a los diecisiete años, cuando su debut en Victoria's Secret marcó el inicio de una carrera que muchos solo podían soñar. Abrir el desfile cinco veces, veinte años de trabajo, miles de kilómetros de pasarelas y innumerables sesiones fotográficas —y todo eso no ha disminuido su ligereza y alegría interior. Al contrario, la experiencia le ha otorgado un sentido de libertad hoy invaluable.
En una conversación con Tina Lončar, Adriana habla abiertamente sobre la importancia de mantenerse humana en un mundo donde todos buscan la perfección. Cuenta sobre la necesidad de permitirse ser una misma, explorar los propios deseos y debilidades, sin miedo a la imperfección. «Estoy aprendiendo a disfrutar del momento, a percibir la belleza a mi alrededor y dentro de mí», admite.
Para muchas chicas en todo el mundo, a principios de los años 2000 Victoria's Secret era el verdadero Olimpo de la moda. Esas modelos, con su cabello brillante y sus formas perfectas, parecían inalcanzables. Inspiraban, fascinaban y, para ser sinceras, intimidaban. Pero Adriana Lima demostró que detrás de esa aparente inaccesibilidad hay una persona común, con sueños, miedos y ambiciones. Ella transforma el mito en realidad, mostrando que la perfección no es solo externa, sino también la capacidad de vivir, alegrarse y permanecer fiel a una misma.
Y aunque su carrera brilla con cristales Swarovski y pasarelas mundiales, la verdadera magia de Adriana radica en que sigue siendo ella misma: alegre, ligera, un poco infantil, pero increíblemente fuerte. Nos recuerda que, aunque el mundo parezca un enorme buffet donde te encuentras con un plato vacío, siempre hay una manera de llenarlo con tus propios sabores, experiencias y alegrías.
Adriana Lima no es solo un ángel de Victoria's Secret. Es el símbolo de que el camino hacia una misma comienza con la aceptación de la propia unicidad, la libertad y el valor de seguir adelante. Y quizás ahí esté el secreto de la verdadera belleza: aquella que permanece con nosotras para siempre.

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