En el mundo de la moda hay marcas que crean ropa. Y hay otras que crean una actitud. Saint Laurent pertenece desde hace mucho tiempo a esta segunda categoría. Cada nueva campaña de la casa francesa parece un pequeño cortometraje sobre la fuerza, la seducción y un estilo impecable. Y la campaña Fall/Winter 2026 no es la excepción.
En el mundo de la moda hay marcas que crean ropa. Y hay otras que crean una actitud. Saint Laurent pertenece desde hace mucho tiempo a esta segunda categoría. Cada nueva campaña de la casa francesa parece un pequeño cortometraje sobre la fuerza, la seducción y un estilo impecable. Y la campaña Fall/Winter 2026 no es la excepción.
Esta vez, la protagonista es Rosé, la estrella de BLACKPINK que se ha convertido en una de las mayores referencias de estilo del mundo. Junto a la supermodelo Liu Wen y el modelo Connor Storrie, presenta una nueva visión de Saint Laurent: menos adornos y mucho más carácter.
Rosé siempre ha estado asociada con la elegancia, pero en esta campaña muestra una faceta completamente distinta.
En lugar de looks románticos y una feminidad delicada, aparecen blazers de hombros marcados, cuero, encaje, gafas de sol oscuras y una mirada serena. En cada imagen no hay un intento de llamar la atención, sino la seguridad de una mujer que conoce perfectamente su valor.
Es precisamente esa transformación la que hace que la campaña sea tan poderosa: Rosé no interpreta un personaje, sino que representa una nueva versión de la feminidad contemporánea.
El director creativo Anthony Vaccarello vuelve a demostrar que su sello personal es combinar elementos opuestos.
La nueva colección reúne:
El resultado no se siente recargado, sino sorprendentemente armonioso. La fuerza y la delicadeza conviven en un mismo look, creando la estética inconfundible de Saint Laurent.
La campaña fue fotografiada por la estadounidense Talia Chetrit, conocida por crear imágenes íntimas, casi cinematográficas.
La luz es tenue, los colores son profundos y la atmósfera recuerda al cine de autor francés. En lugar de sonrisas perfectas, hay un carisma silencioso. En lugar de grandes escenografías, un minimalismo que potencia la fuerza de cada imagen.
Todo gira en torno a una sola idea: el estilo es una emoción.

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