El mundo del cine y los fans de Tom Hiddleston reciben una nueva y feliz noticia: la estrella de 44 años de la película Loki y su pareja de 41 años, Zavi Ashton, se han convertido en padres por segunda vez.
El mundo del cine y los fans de Tom Hiddleston reciben una nueva y feliz noticia: la estrella de 44 años de la película Loki y su pareja de 41 años, Zavi Ashton, se han convertido en padres por segunda vez. El actor compartió los detalles de su paternidad en una reciente entrevista para GQ, pero no reveló el sexo ni el nombre del bebé, dejando a los seguidores en una agradable expectativa.
«Tener un hijo es la experiencia más hermosa, profunda, increíble y que cambia la vida», comentó Hiddleston, destacando la importancia de la familia para él. Estas palabras confirman que detrás de su imagen de sobriedad y elegancia se esconde una profunda dimensión emocional.
La relación entre Hiddleston y Ashton ya está envuelta en un halo de misterio. La pareja lleva seis años juntos, tras conocerse en 2019 durante los ensayos de la obra Betrayal. Aunque los primeros años de su relación coincidieron con el difícil periodo de la pandemia, fue justamente el confinamiento lo que los acercó y fortaleció su vínculo. En 2022 nació su primer hijo y poco después se anunció su compromiso.
Una de las características más destacadas de Hiddleston y Ashton es su capacidad para preservar la privacidad. Rara vez aparecen juntos en público y prefieren llevar una vida reservada, protegiendo cuidadosamente la felicidad familiar de las cámaras y de las miradas curiosas. Esto solo les añade encanto y permite hablar de una verdadera armonía, independiente de la exposición mediática.
Los fans del actor ya han expresado su alegría y felicitaciones en redes sociales, pero la pareja sigue un paso adelante, conservando los momentos más íntimos solo para ellos. Y, como demuestra su historia, Tom y Zavi saben valorar cada instante juntos —ya sea sobre el escenario o en una tranquila noche familiar en casa.
La felicidad familiar de Hiddleston y Ashton es un ejemplo de cómo el verdadero amor y la alegría pueden ser profundamente personales, y cómo, a veces, en el silencio y la intimidad nacen los momentos más valiosos de la vida.

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