Enamorarte puede cambiar mucho más que tu estado de ánimo. A veces, este sentimiento también influye en la forma en que vives, tomas decisiones e incluso te atreves a hacer aquello que llevabas mucho tiempo posponiendo. Te vuelves más espontánea, dudas menos de ti misma y algunas cosas que antes te intimidaban de repente parecen mucho más fáciles de hacer.
Enamorarte puede cambiar mucho más que tu estado de ánimo. A veces, este sentimiento también influye en la forma en que vives, tomas decisiones e incluso te atreves a hacer aquello que llevabas mucho tiempo posponiendo. Te vuelves más espontánea, dudas menos de ti misma y algunas cosas que antes te intimidaban de repente parecen mucho más fáciles de hacer.
Cuando estás enamorada, tu rutina puede empezar a parecerte demasiado predecible. Te entran ganas de probar algo nuevo: descubrir una cafetería diferente, tomar otra ruta, apuntarte a un curso, hacer un viaje o simplemente aceptar una invitación que normalmente habrías rechazado.
Esta nueva curiosidad no significa necesariamente que quieras cambiar tu vida por completo. Simplemente tienes más ganas de vivir experiencias que rompan con la rutina.
Un estado de ánimo positivo puede hacerte sentir que por fin tienes suficiente energía para ocuparte de los proyectos que habías dejado pendientes. Quizá empieces ese curso que siempre quisiste hacer, te pongas con una reforma, empieces a plantearte un cambio de trabajo o por fin le des una oportunidad a un proyecto personal.
El amor, por supuesto, no resuelve todos los problemas, pero puede generar un impulso emocional que te ayude a pasar de la idea a la acción.
Cuando las emociones son intensas, el miedo al fracaso puede perder parte de su poder. Es más probable que seas tú quien escriba o llame primero, proponga quedar o muestre claramente su interés.
Esta valentía también puede ir más allá del ámbito sentimental. Puedes sentir ganas de solicitar el trabajo de tus sueños, montar tu propio negocio, mudarte o incluso cambiar por completo de estilo.
A veces empiezas a comprender que guardar tus emociones para ti no necesariamente te protege de las decepciones. Entonces resulta más natural decir lo que piensas, expresar tus deseos y poner límites.
Puedes pedirle un aumento a tu responsable, decirle a una compañera que ya no quieres aceptar automáticamente trabajo extra o explicar con mayor claridad tus decisiones a las personas que quieres.
Cuando tus sentimientos son correspondidos, los cumplidos, la atención y las pequeñas muestras de cariño pueden silenciar, al menos temporalmente, esa voz interior que critica constantemente tu aspecto o tus cualidades.
Empiezas a verte de otra manera y quizá tengas más ganas de cuidarte, vestirte como realmente te gusta y sentirte bien contigo misma.
Sin embargo, es importante recordar que la autoestima no debería depender por completo de la atención de otra persona. El amor puede sacar a la luz una confianza que ya existía en ti, pero no debería ser su única fuente.

Este sitio utiliza cookies para ofrecerte una mejor experiencia de navegación. Al navegar por este sitio web, aceptas el uso de cookies.