En una entrevista con Harper’s Bazaar, la actriz ha compartido sus impresiones sobre esta nueva etapa de su vida. Sus palabras no se centran tanto en las noches sin dormir o las preocupaciones cotidianas como en esa extraordinaria sensación de asombro que acompaña la llegada de una nueva vida.
«Cuando miro a este pequeño ser tan maravilloso, siento asombro y alegría», ha contado Portman.
Al parecer, el nacimiento de su tercer hijo también le ha permitido mirar a su propia familia con otros ojos.
Cuando los hijos pequeños nos recuerdan lo diminutos que eran los mayores
Natalie ya tiene otros dos hijos: su hijo Aleph, nacido en 2011, y su hija Amalia, que llegó al mundo en 2017. Ahora, al volver a tener un bebé en brazos, la actriz siente como si viajara al pasado y recordara los primeros años de la maternidad.
«El nacimiento de este bebé me ha hecho mirar de otra manera también a mis hijos mayores. Recuerdo que hace muy poco ellos también eran así de pequeños, y ahora se han convertido en personas extraordinarias, cada una con su propio carácter, su particular sentido del humor y sus propias ideas».
En estas palabras, muchas madres reconocerán su propia experiencia. Parece que fue ayer cuando ayudabas a tu hijo a dar sus primeros pasos, le enseñabas a pronunciar sus primeras palabras o lo consolabas después de una pesadilla. Y, sin embargo, hoy ya tiene sus propios chistes, convicciones, sueños y una manera de ver el mundo que a veces sorprende incluso a las personas más cercanas.
Los niños crecen poco a poco, día tras día. Pero a veces hace falta un acontecimiento especial para tomar verdadera conciencia de cuánto tiempo ha pasado.
Para Portman, la llegada de su tercer bebé ha sido precisamente uno de esos momentos. El recién nacido le ha recordado no solo los primeros instantes de la maternidad, sino también lo pequeños que fueron sus hijos mayores y las personas únicas en las que se han convertido.
La maternidad después de los 40: una nueva experiencia, no un regreso al pasado
En la sociedad todavía abundan los estereotipos sobre la edad y la maternidad. Se suele pensar que lo mejor es tener el primer hijo cuanto antes y que, después de los 40, una mujer debería centrarse en su carrera profesional, en sus hijos ya mayores o en su propio bienestar.
Sin embargo, la vida rara vez sigue un guion predeterminado. Cada mujer tiene su propia historia, sus circunstancias, sus deseos y su manera de imaginar la familia. Lo que a cierta edad parece difícil o incomprensible puede adquirir un significado completamente distinto en otra etapa de la vida.
Con los años no solo cambia nuestro cuerpo, sino también nuestra manera de mirar el mundo. Acumulamos experiencias, comprendemos mejor nuestras necesidades, valoramos de otra forma los acontecimientos importantes y somos más conscientes de lo rápido que pasa el tiempo.
Quizá por eso tener un hijo en una etapa más madura de la vida puede despertar tantas emociones nuevas. Eso no significa necesariamente que la maternidad se vuelva más fácil. Puede seguir siendo igual de agotadora, imprevisible y exigente que antes. Pero, al mismo tiempo, una mujer puede vivirla desde la perspectiva de todo lo que ya ha experimentado.
La historia de Natalie Portman nos recuerda que no existe una única edad correcta para ser madre y que un nuevo capítulo de la vida puede comenzar cuando menos lo esperamos.
La vida personal después de un divorcio muy mediático
Esta nueva etapa de la maternidad de la actriz también despierta interés en el contexto de los cambios que ha vivido en su vida personal.
En 2024 se hizo público el divorcio de Natalie Portman y el coreógrafo francés Benjamin Millepied, tras aproximadamente 12 años de matrimonio. La pareja tiene dos hijos, Aleph y Amalia. Por aquel entonces, algunos medios publicaron informaciones sobre una supuesta infidelidad de Millepied, aunque sería simplista atribuir la ruptura únicamente a las especulaciones de la prensa.
A pesar de la atención que despiertan sus asuntos personales, las palabras de la actriz sobre la maternidad parecen centrarse hoy menos en el pasado que en el presente: un bebé recién llegado, la alegría de descubrir una nueva etapa y el crecimiento de sus hijos mayores.
Portman no necesita convertir su historia en un cuento de hadas con un final perfecto para que su experiencia resulte interesante. En la vida pueden convivir los cambios difíciles, los nuevos comienzos, las dudas y los momentos felices. A veces, precisamente esa mezcla es lo que hace que una historia resulte auténtica.
Los hijos crecen y la maternidad nos enseña a ver el tiempo de otra manera
Hay algo especialmente conmovedor en la forma en que la llegada de un bebé hace que los padres miren de otra manera a sus hijos mayores. Unas manos diminutas, una sonrisa adormilada y los primeros sonidos pueden devolver de repente recuerdos que parecen muy recientes, aunque hayan pasado años desde entonces.
Quizá esa sea una de las lecciones más valiosas de la maternidad: nunca permanece inmóvil. Los niños cambian, crecen, se alejan poco a poco de la protección de sus padres y se vuelven independientes. Y los padres aprenden a quererlos de una manera nueva: ya no solo como pequeños a los que hay que proteger, sino también como personas independientes, con su propio carácter y su mundo interior.
La experiencia de Natalie Portman nos recuerda una verdad sencilla, pero importante: el tiempo pasa más rápido de lo que a veces imaginamos. Y quizá lo mejor que podemos hacer no sea intentar retener cada etapa de la vida, sino aprender a apreciar su belleza mientras todavía la estamos viviendo.
Al fin y al cabo, cada niño crece a su propio ritmo. Y cada nueva etapa de la maternidad puede revelar a una mujer algo inesperado, incluso cuando cree que ya conoce casi todo sobre esta experiencia.













