A veces la moda deja de ser solo ropa y se convierte en sensación — casi como un recuerdo de verano que no sabes explicar del todo, pero reconoces al instante cuando vuelve. La nueva campaña de Ottolinger titulada “Girlfriend” es exactamente eso.
A veces la moda deja de ser solo ropa y se convierte en sensación — casi como un recuerdo de verano que no sabes explicar del todo, pero reconoces al instante cuando vuelve. La nueva campaña de Ottolinger titulada “Girlfriend” es exactamente eso.
No es una historia sobre prendas, sino sobre mujeres que están juntas no por la imagen, sino por la vida. Sobre amigas que se convierten en apoyo incluso cuando todo alrededor parece inestable. Y sobre cómo ese vínculo se transforma en una fuerza — silenciosa, pero muy real.
La sesión se realiza en Londres, pero no es el Londres de las postales. Jardines salvajes, hierba húmeda, muros de ladrillo antiguos que no intentan ser perfectos, simplemente son lo que son. Todo se siente un poco salvaje, un poco olvidado — y ahí está su honestidad.
En el centro de esta historia está Lola Leon. No interpreta un papel ni “posa” en el sentido clásico. Habita las imágenes: camina por la hierba, toca las telas, se mueve como si la cámara estuviera allí por casualidad. Y eso es lo que hace todo tan vivo.
La ropa de Ottolinger aquí no va de orden ni de control. Va de movimiento y de entender que el cuerpo importa más que la forma. Capas transparentes, siluetas deconstruidas, prendas que parecen no querer mantenerse perfectas. No se trata de lo “correcto”. Se trata de lo “real”.
Y quizá lo más importante es la atmósfera. No hay feminidad escenificada, ni intento de hacer todo bonito en el sentido clásico. La hierba puede estar irregular, la tela arrugada, las paredes agrietadas. Pero es ahí donde aparece la libertad.
“Girlfriend”, al final, no es una historia de romance ni solo de moda. Es cercanía femenina — la que no necesita explicaciones. Momentos en los que simplemente avanzas con alguien al lado, sin intentar parecer perfecta.
Y quizá hoy la verdadera feminidad sea precisamente eso: no una imagen, sino un estado en el que no tienes nada que demostrar.

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