¿Han notado cómo en las redes sociales cada vez aparecen más fotos en las que el rostro de la pareja está pixelado, los hombros recortados y a tu lado solo hay “alguien”? Tazas de café, libros, atardeceres — pero ninguna señal de tu amor. Parece que estar en una relación de manera pública se ha convertido en un verdadero tabú social. ¿Por qué?
¿Han notado cómo en las redes sociales cada vez aparecen más fotos en las que el rostro de la pareja está pixelado, los hombros recortados y a tu lado solo hay “alguien”? Tazas de café, libros, atardeceres — pero ninguna señal de tu amor. Parece que estar en una relación de manera pública se ha convertido en un verdadero tabú social. ¿Por qué?
A veces, es simplemente “etiqueta digital”: no todos quieren compartir su vida privada en internet. Pero detrás de esto se esconde un miedo más profundo: el miedo al fracaso.
Si declaras abiertamente “derechos” sobre alguien y la relación se rompe, el dolor se vuelve público. No solo estás atravesando una ruptura, eres la persona a la que “no le funcionó”, y el mundo mira con reproche o con silenciosa compasión: “Te lo dijimos”.
Esto convierte la vida personal en un campo minado. Cada paso se calcula: “¿Vale la pena publicar la foto, actualizar el estado, mostrar mis sentimientos?”
En una época en la que parece que las relaciones tradicionales están condenadas al fracaso, mostrar un apego sincero parece ingenuo. El sexo sin compromiso se convierte no solo en placer, sino en una estrategia de protección: cercanía física sin riesgo de dependencia emocional.
Pero detrás de esta seguridad se esconde la soledad. El cinismo y las bromas sobre “hombres tóxicos” se convierten en un escudo que protege del dolor, pero impide vivir una verdadera historia de amor.
Rechazar etiquetas como “él es mío” o “ella es mía” es una forma de conservar espacio en caso de fracaso. Pero, por otro lado, la demostración pública de la felicidad suele ser un intento de esconderse.
Publicar fotos en pareja no es tanto por alegría como para mostrar: “Miren, estoy bien, no estoy sola/o”. Para el público, esto se interpreta como un mascarada social: la personalidad se disuelve en el rol de pareja, y en lugar de envidia surge aburrimiento o irritación.
A menudo, detrás de esto hay un trauma narcisista: admitir que necesitas algo significa ser vulnerable. Es más seguro actuar como si no necesitases nada, irte primero o no acercarte en absoluto.
Pero al protegernos así, nos privamos de la verdadera profundidad de la relación. Una relación sin riesgo ni fusión emocional no es vida, es una puesta en escena.
No querer hacer pública la relación es normal. Las razones pueden ser varias: miedo al juicio, pérdida de control sobre la percepción en redes sociales, límites personales y valores. Es importante entender que decidir publicar fotos o no es una decisión personal.
Si la pareja pide compartir momentos juntos, es fundamental dialogar. Por ejemplo: “No me resulta natural, pero hablemos de lo que es importante para ti”. Saber escuchar y considerar los deseos de la pareja sin violar tus propios límites es la clave de una relación saludable.
El miedo a ser ridiculizado o rechazado es real. Reconocerlo es el primer paso. El segundo paso es entender que detrás de este miedo a menudo se esconde la renuencia a madurar y asumir la responsabilidad de tus elecciones y errores. Solo trabajando en ello por ti mismo o con un psicólogo podrás alcanzar la verdadera intimidad y disfrutar plenamente de la relación.

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