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12 errores que hacen que llevar un estilo de vida saludable se vuelva aburrido rápidamente… y te den ganas de dejarlo todo

Al principio, todo parece perfecto. Compras ropa deportiva nueva, haces una lista de alimentos saludables, decides solemnemente abandonar los malos hábitos e incluso programas el despertador para salir a correr por la mañana. Los primeros días te llenan de inspiración, las primeras semanas te dan confianza y parece que esta vez todo saldrá bien.

Al principio, todo parece perfecto. Compras ropa deportiva nueva, haces una lista de alimentos saludables, decides solemnemente abandonar los malos hábitos e incluso programas el despertador para salir a correr por la mañana. Los primeros días te llenan de inspiración, las primeras semanas te dan confianza y parece que esta vez todo saldrá bien.

Y entonces algo cambia.

Los entrenamientos matutinos empiezan a molestarte, la ensalada ya no te entusiasma y la idea de pasar otro día «haciendo todo bien» de repente parece insoportablemente aburrida. En ese momento es fácil llegar a una conclusión equivocada: «Quizá simplemente no tengo suficiente fuerza de voluntad».

Pero muchas veces el problema no está en ti.

Llevar un estilo de vida saludable no debería ser un castigo, un maratón interminable de autocontrol ni un intento de convertirte en la versión perfecta de una persona de las redes sociales. Si los hábitos saludables te aburren rápidamente, quizá simplemente los estás construyendo sobre una base equivocada.

Estos son 12 errores que pueden convertir el cuidado personal en una lucha agotadora.

1. Intentas cambiarlo todo en un solo día

Una nueva alimentación, un horario estricto de sueño, entrenamientos cinco veces por semana, renunciar a los dulces, contar calorías y otra decena de reglas nuevas… suena como un plan excelente.

Al menos hasta que intentas ponerlo en práctica.

Cuando hay demasiados cambios al mismo tiempo, el cuerpo y la mente se cansan rápidamente de estar bajo control constante. Al principio te mantienes gracias al entusiasmo, pero después llega el momento en que solo quieres volver a tu vida habitual.

En lugar de una revolución, prueba con una evolución. Incorpora un hábito, dale tiempo para convertirse en parte de tu vida y solo después pasa al siguiente.

2. Intentas vivir según un horario perfecto

Acostarte a dormir exactamente a la misma hora, caminar una cantidad determinada de pasos cada día, comer siempre según un horario y no desviarte nunca del plan… suena disciplinado.

Pero la vida no funciona con cronómetro.

A veces tienes que quedarte más tiempo en el trabajo. A veces quieres dormir un poco más. Hay viajes, reuniones, celebraciones, días de mal humor y momentos en los que simplemente nada sale según lo previsto.

Si un solo tropiezo te hace pensar que todo el día está perdido, tu sistema es demasiado rígido.

Un estilo de vida saludable debe ser lo suficientemente flexible como para soportar la vida real.

3. Eliges un deporte que detestas

A algunas personas les encanta correr. Otras no pueden imaginar su vida sin el gimnasio. A otras les gustan el baile, la natación o el yoga.

Pero si odias correr, no tienes por qué convencerte de que precisamente correr te hará más saludable y feliz.

El mejor entrenamiento es aquel que te apetece repetir.

Prueba diferentes opciones: bicicleta, pilates, natación, entrenamiento de fuerza, baile o caminar. Al final, quizá encuentres una actividad que no requiera una fuerza de voluntad heroica.

No busques el deporte «más correcto». Busca el que sea adecuado para ti.

4. Intentas crear diez hábitos nuevos al mismo tiempo

Cambiar nuestro comportamiento requiere energía. Y si al mismo tiempo decides acostarte más temprano, moverte más, preparar comida saludable, beber más agua y meditar todos los días, tu cerebro recibe demasiadas tareas nuevas.

Incluso los cambios beneficiosos pueden empezar a sentirse como una interminable lista de obligaciones.

Es mejor elegir uno o dos hábitos que puedan tener el mayor impacto positivo en tu caso. Cuando se conviertan en una parte automática de tu rutina, podrás añadir algo nuevo.

5. Consideras el estilo de vida saludable como una dieta temporal

Si constantemente piensas «aguantaré unos meses más y después volveré a la vida normal», será difícil mantener el ritmo durante mucho tiempo.

Porque, dentro de este sistema, la vida saludable se convierte automáticamente en un castigo, mientras que los viejos hábitos se transforman en una recompensa.

Prueba a hacerte otra pregunta: «¿Quiero vivir así dentro de un año?»

Si la respuesta es negativa, quizá el problema no esté en tu disciplina. Quizá necesites cambiar el enfoque.

6. Te comparas constantemente con los demás

En las redes sociales es fácil creer que todo el mundo se despierta cada día a las seis de la mañana, entrena, come de forma perfectamente equilibrada y nunca se salta un entrenamiento.

Pero tú solo ves el escaparate.

No ves las noches en las que esa persona pidió una pizza. No sabes cuántas veces faltó al gimnasio. No conoces su estado de salud, su nivel de estrés, sus posibilidades económicas ni sus circunstancias personales.

Cada persona parte de un punto diferente.

La única persona con la que vale la pena compararte es con quien eras ayer.

7. Esperas resultados en siete días

Ha pasado una semana de entrenamientos y tu cuerpo no ha cambiado. Llevas varios días comiendo mejor, pero todavía no te sientes como una persona nueva.

Es normal.

El organismo no funciona según el principio de «pulso un botón y obtengo un resultado». Los cambios se acumulan poco a poco y, en ocasiones, solo se hacen visibles después de varios meses.

Por eso es tan importante prestar atención a las pequeñas victorias: tienes más resistencia, duermes mejor, te despiertas con más facilidad y tienes más energía.

El progreso no es solo un número en la báscula.

8. Te olvidas de descansar

Existe un extraño mito según el cual, si entrenas más, duermes menos y te obligas constantemente a esforzarte para conseguir resultados, el éxito llegará más rápido.

En realidad, tu organismo necesita recuperarse.

Descansar no es una debilidad ni un «día perdido». Es una parte fundamental de un estilo de vida saludable.

Si ignoras el cansancio con regularidad, descuidas el sueño y te sientes culpable por tomarte un día libre, tarde o temprano tu cuerpo te obligará a parar.

La recuperación no es una pausa del estilo de vida saludable. Es parte de él.

9. Tu único objetivo es cambiar tu apariencia

Querer perder peso, ganar fuerza o mejorar tu forma física es una motivación completamente válida.

Pero si esa es la única razón por la que haces ejercicio y cambias tu alimentación, tu motivación puede desaparecer rápidamente.

Los resultados externos requieren tiempo. En cambio, los cambios internos suelen llegar mucho antes.

Puedes empezar a dormir mejor. Sentir más energía. Notar que subir las escaleras resulta más fácil. Descubrir que tu estado de ánimo es más estable.

Cuantos más cambios positivos notes, menos dependerá tu progreso del número que marque la báscula.

10. Te prohíbes todo lo que te produce placer

Un estilo de vida saludable basado exclusivamente en prohibiciones no suele durar mucho.

No puedes comer tarta. No puedes comer pizza. No puedes ir a un restaurante con tus amigos. No puedes disfrutar de tu postre favorito.

En algún momento surge una pregunta bastante lógica: ¿y dónde queda la vida?

Un enfoque equilibrado deja espacio tanto para la comida saludable como para el placer. Un postre no destruirá tu progreso, al igual que una cena en un restaurante.

Tu estilo de vida debería hacerte más saludable, no más infeliz.

11. Para ti, un solo error significa un fracaso total

Te saltaste un entrenamiento. Comiste un trozo de tarta. Te quedaste dormida y no hiciste tus ejercicios matutinos.

Y, de repente, aparece un pensamiento en tu cabeza: «Ya está, lo he arruinado todo».

Es el clásico pensamiento de «todo o nada».

Pero un solo día sin entrenar no borra los meses anteriores de esfuerzo. Un trozo de tarta no elimina tus buenos hábitos. Una tarde en el sofá no te convierte en una persona menos disciplinada.

La mejor estrategia después de cometer un error no es empezar de cero, sino simplemente continuar.

12. No adaptas tus hábitos a tu nueva vida

Lo que funcionaba para ti hace dos años puede que hoy ya no funcione.

Has cambiado de trabajo. Has tenido un hijo. Te has mudado. Han cambiado tus horarios, tu estado de salud, tus ingresos o simplemente tus intereses.

Y está bien.

Los hábitos saludables no tienen que ser reglas inamovibles para toda la vida. Deben adaptarse a ti.

¿No puedes salir a correr? Prueba a caminar. ¿No tienes tiempo para pasar una hora en el gimnasio? Haz un entrenamiento corto en casa. ¿No puedes cocinar platos complicados todos los días? Busca soluciones más sencillas.

La flexibilidad no significa renunciar a tus objetivos. Es la manera de no renunciar a ellos para siempre.

Un estilo de vida saludable no debería convertirse en otro trabajo

Quizá el mayor error sea que a menudo intentamos vivir «correctamente», en lugar de vivir bien.

Convertimos el cuidado personal en una lista de reglas con las que evaluamos constantemente nuestro propio comportamiento. Y olvidamos que el verdadero sentido de los hábitos saludables no consiste en presentarnos cada día a un examen de perfección.

Tu vida no será mejor porque nunca te saltes un entrenamiento. Será mejor si tienes más energía para las cosas que amas. Si duermes mejor. Si te sientes más cómoda en tu propio cuerpo. Si conservas energía para tus amigos, tu familia, tus viajes y las pequeñas alegrías de la vida.

Por eso, si algún día te cansas del «estilo de vida saludable», no te apresures a culparte.

Quizá no necesites dejarlo todo.

Quizá solo necesites eliminar aquello que te hace infeliz.

Porque el mejor sistema de autocuidado no es aquel que puedes soportar durante tres meses. Es aquel con el que quieres vivir toda la vida.

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