Seguimos la calidad del sueño, contamos pasos, elegimos los entrenamientos según la frecuencia cardíaca e incluso intentamos optimizar nuestros niveles de estrés. Pero, aun así, muchas mujeres siguen percibiendo el ciclo menstrual como unos cuantos días al mes que simplemente hay que superar.
Seguimos la calidad del sueño, contamos pasos, elegimos los entrenamientos según la frecuencia cardíaca e incluso intentamos optimizar nuestros niveles de estrés. Pero, aun así, muchas mujeres siguen percibiendo el ciclo menstrual como unos cuantos días al mes que simplemente hay que superar.
En realidad, el ciclo es mucho más que la menstruación. Es un complejo proceso biológico que influye en el bienestar, la energía, el estado de ánimo, el aspecto de la piel y la libido.
Veamos qué ocurre en el organismo a lo largo del ciclo y cómo tener en cuenta estos cambios en la vida cotidiana.
El ciclo menstrual es una sucesión de cambios hormonales y fisiológicos que cada mes preparan el organismo para un posible embarazo.
En este proceso desempeñan un papel fundamental los ovarios, donde madura el óvulo, y el útero, cuyo revestimiento interno —el endometrio— se prepara para la posible implantación de un óvulo fecundado.
Este complejo mecanismo está regulado, entre otras sustancias, por los estrógenos y la progesterona. Sus niveles cambian a lo largo del ciclo y, con ellos, también pueden variar el bienestar, los niveles de energía y otras sensaciones.
En las mujeres adultas, el ciclo suele durar aproximadamente entre 24 y 38 días, aunque su duración puede variar de una persona a otra.
De forma convencional, puede dividirse en cuatro etapas principales.
Qué ocurre: si no se produce un embarazo, los niveles de estrógeno y progesterona disminuyen. El endometrio se desprende y comienza el sangrado menstrual.
Por término medio, la menstruación dura varios días, aunque su duración y características pueden variar considerablemente de una mujer a otra.
Es importante prestar atención no solo al calendario, sino también a la intensidad del sangrado. Si tienes que cambiar por completo el producto de higiene con mucha frecuencia, especialmente si esto se acompaña de debilidad, mareos o dificultad para respirar, conviene consultarlo con un médico. Una pérdida menstrual excesiva puede provocar déficit de hierro y anemia.
Y hay otra cuestión importante: la menstruación no significa que haya una prohibición automática de mantener relaciones sexuales, hacer ejercicio o llevar una vida normal. Todo depende de cómo te sientas y de tu comodidad personal.
Después del comienzo de la menstruación, el organismo pasa gradualmente a la siguiente etapa.
En los ovarios comienzan a desarrollarse los folículos, uno de los cuales acabará convirtiéndose en el folículo dominante. El nivel de estrógeno aumenta y el endometrio comienza a regenerarse.
Es precisamente durante este periodo cuando muchas mujeres sienten que la energía vuelve poco a poco.
El estado de ánimo puede mejorar, resulta más fácil concentrarse y aparecen más ganas de moverse y socializar.
El estrógeno también influye en la piel y los tejidos conectivos, por lo que algunas mujeres notan que durante esta etapa su piel tiene un aspecto más fresco.
Es un buen momento para volver a un ritmo más activo, siempre que te encuentres bien.
Aproximadamente a mitad del ciclo se produce la ovulación: el óvulo sale del folículo dominante.
Al mismo tiempo tienen lugar importantes cambios hormonales. Muchas mujeres experimentan durante este periodo un aumento del deseo sexual, la energía y las ganas de comunicarse.
También pueden cambiar las secreciones cervicales: se vuelven más transparentes, resbaladizas y elásticas. Se trata de una respuesta fisiológica normal relacionada con el periodo fértil.
La ovulación también es importante para quienes desean quedarse embarazadas o, por el contrario, quieren evitar un embarazo: el calendario por sí solo no es un método fiable para determinar los días fértiles o «seguros».
Después de la ovulación, en el lugar que ocupaba el folículo se forma el cuerpo lúteo, que produce progesterona.
Su función principal es preparar el endometrio para un posible embarazo.
Precisamente durante la segunda mitad del ciclo, algunas mujeres empiezan a sentir que necesitan reducir un poco el ritmo.
Pueden aparecer somnolencia, cambios en el apetito, variaciones del estado de ánimo, sensación de hinchazón, distensión abdominal o una mayor sensibilidad en los senos.
Antes de la menstruación, los niveles hormonales disminuyen si no se ha producido un embarazo. Durante este periodo, algunas mujeres experimentan síntomas del síndrome premenstrual (SPM).
Al mismo tiempo, es importante no atribuir cualquier malestar a las «hormonas». Si los síntomas son intensos y afectan de forma habitual al trabajo, al sueño o a la vida cotidiana, es recomendable consultar a un ginecólogo.
Aquí también es importante evitar otro extremo. El ciclo menstrual no debería convertirse en un calendario rígido en el que cada día tenga asignados de antemano un entrenamiento, una tarea laboral y un estado de ánimo.
Cada organismo es diferente, y en nuestro bienestar influyen el sueño, el estrés, la alimentación, las enfermedades, los anticonceptivos y muchos otros factores.
Sin embargo, observar tu propio ciclo puede ayudarte a conocerte mejor.
Si durante la primera mitad del ciclo tienes ganas de entrenar con mayor intensidad, aprovecha esa energía. Si durante la menstruación o al final del ciclo tu cuerpo te pide bajar el ritmo, no es necesario obligarte a rendir al máximo.
El yoga, el pilates, caminar o realizar ejercicios de fuerza ligeros pueden ser una alternativa cómoda a los entrenamientos intensos cuando te sientes cansada.
Pero no existe una regla universal según la cual «los entrenamientos intensos deben hacerse únicamente durante la primera mitad del ciclo». Lo principal es prestar atención a cómo te sientes y a tus resultados deportivos.
Si antes de la menstruación tu piel se vuelve más grasa o aparecen brotes, puedes tenerlo en cuenta a la hora de elegir tu rutina de cuidado.
Pero no es necesario cambiar de repente toda tu rutina cosmética únicamente por el calendario. Es mejor observar cómo reacciona tu piel y, si el problema se repite, elegir los productos adecuados con la ayuda de un dermatólogo.
En lugar de creer en el esquema universal de «ovulación = momento para hacer presentaciones brillantes», es mejor observarte durante varios meses.
Quizá descubras que realmente hay determinados días en los que te resulta más fácil concentrarte, negociar o realizar tareas complejas.
En ese caso, ¿por qué no utilizar tus propias observaciones para planificar?
Es mucho más útil que intentar adaptar tu vida a un calendario hormonal ajeno.
Lo más valioso que puedes hacer es empezar a observar tu propio organismo.
Anota las fechas de la menstruación, cómo te sientes, tus niveles de energía, el sueño, el estado de ánimo y cualquier síntoma inusual. Después de varios meses puede aparecer un patrón individual.
Y entonces el ciclo deja de parecer una misteriosa sucesión de días «buenos» y «malos».
Empiezas a ver un sistema.
Pero hay algo fundamental: no necesitas intentar «vencer» a tus hormonas. No son un enemigo ni un superpoder que puedas activar en el momento adecuado. Forman parte de la compleja fisiología del organismo.
Nuestra tarea no es obligarlo a funcionar según un horario, sino aprender a reconocer los cambios y cuidar de nosotras mismas en consecuencia.
Es especialmente importante evitar el autodiagnóstico si el ciclo cambia de forma repentina o los síntomas se vuelven inusualmente intensos.
Una consulta médica puede ser recomendable ante sangrados muy abundantes o prolongados, dolor intenso, debilidad marcada, mareos, desmayos, cambios bruscos en el ciclo o síntomas que afectan seriamente a la calidad de vida.
El ciclo menstrual puede revelar mucha información sobre nuestra salud. Pero «escucharlo» no significa buscar cada mes un nuevo problema en nuestro cuerpo.
Significa conocer cuál es nuestra normalidad.
Podemos comprar relojes inteligentes, contar calorías, optimizar el sueño y elaborar complejos planes de entrenamiento.
Pero a veces la herramienta más útil ya está dentro de nosotras.
El ciclo menstrual no es un obstáculo para llevar una vida normal ni una razón para «desconectarse» de ella cada mes.
Es un sistema dinámico que cambia a lo largo del mes.
Y cuanto mejor conozcas tu propio ritmo, más fácil será distinguir las variaciones individuales normales de las señales que realmente requieren atención.

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