La boda de tus sueños suele parecer perfecta: el vestido ideal, un maquillaje que aguanta hasta la noche, flores exactamente del tono que elegiste hace tres meses, un fotógrafo que captura cada momento bonito y ni una sola mancha en el vestido blanco impoluto.
La boda de tus sueños suele parecer perfecta: el vestido ideal, un maquillaje que aguanta hasta la noche, flores exactamente del tono que elegiste hace tres meses, un fotógrafo que captura cada momento bonito y ni una sola mancha en el vestido blanco impoluto.
Ahora volvamos a la realidad.
El día de la boda puede ser maravilloso, pero rara vez transcurre exactamente según lo previsto de principio a fin. Puede empezar a llover, romperse un tacón, correrse la máscara de pestañas, perderse un pendiente o descubrir de repente que uno de los invitados ha venido acompañado de alguien que no esperabas.
Y eso no significa en absoluto que la celebración haya sido un fracaso. Al contrario: la mayoría de los pequeños problemas pueden resolverse sin entrar en pánico si sabes de antemano qué hacer.
Estas son 11 situaciones que conviene prever antes de pronunciar el esperado «sí, quiero».
Por supuesto, la piel decide montar un drama justo cuando tienes programada una sesión de fotos en primer plano. Un solo granito rojo el día antes de la boda puede parecer una catástrofe, aunque para los demás no sea más que un pequeño detalle.
La regla de oro es no intentar explotarlo. Al hacerlo, puedes empeorar la inflamación, dañar la piel y provocar un enrojecimiento todavía más visible.
Es mejor utilizar un producto de aplicación localizada que tu piel ya conozca y tolere bien, o un parche hidrocoloide. También puedes aplicar frío durante unos minutos sobre la zona inflamada, siempre envuelto en un paño limpio.
Y después, confía en tu maquillador o maquilladora. Un buen maquillaje puede ocultar mucho más de lo que imaginas.
El hormigueo y el picor en los labios la víspera de la boda pueden arruinarte el ánimo en cuestión de segundos. Si sabes que este tipo de brotes aparece de vez en cuando, lo mejor es consultar previamente con un médico qué tratamiento es adecuado para ti y tenerlo preparado.
Si el brote ya ha aparecido, no tiene sentido intentar cubrirlo con diez capas de maquillaje. Para estos casos existen parches específicos que deben utilizarse siguiendo las instrucciones.
Y hay otro detalle importante: si tienes un herpes labial activo, es mejor evitar los besos y no compartir pintalabios, vasos ni cubiertos para no exponer a otras personas al riesgo de contagio.
«¿Cómo puede haber cambiado en solo unos días?», puede preguntarse la novia al mirarse en el espejo.
El estrés, los cambios en la alimentación, la retención de líquidos o incluso las particularidades del ciclo menstrual pueden influir en cómo queda el vestido.
Por eso, durante las semanas previas a la boda es mejor no experimentar con dietas estrictas ni hacer cambios bruscos en la alimentación. Además, conviene realizar la última prueba del vestido lo más cerca posible de la fecha de la ceremonia.
Si el problema aparece unos días antes, un arreglo urgente con una modista puede solucionar la situación. Y el día de la boda pueden ayudar la ropa interior sin costuras, una prenda moldeadora adecuada o incluso un segundo look para la parte de la noche.
Y recuerda: una espalda recta, una forma de caminar segura y una buena actitud pueden cambiar la silueta más que cualquier truco.
El día de la boda está lleno de lágrimas, calor, baile, abrazos, besos y decenas de fotografías. Incluso el maquillaje más resistente puede no sobrevivir a semejante maratón.
Pregunta con antelación al maquillador qué productos utilizará y evita experimentar con cosméticos nuevos el día anterior.
En el pequeño neceser de la novia deberían caber unas toallitas matificantes, polvos y un pintalabios o brillo para poder retocar rápidamente el maquillaje. Si es posible, puedes acordar con el maquillador que te acompañe durante parte de la celebración.
Y no te preocupes por cada pequeño detalle: una cámara profesional, una buena iluminación y el retoque harán su trabajo.
El cabello también puede decidir que hoy no quiere colaborar. El viento, la humedad, el calor y un baile intenso pueden hacer que el peinado que por la mañana parecía sacado de una portada empiece a deshacerse.
Pide al estilista que prepare o deja a cargo de alguien de confianza un pequeño kit de emergencia: horquillas, pasadores, una goma y laca para el cabello.
Y, mejor aún, no elijas para tu boda un peinado que nunca hayas llevado antes. El día de tu boda no es precisamente el mejor momento para experimentar con tu imagen.
Una copa de vino, un trozo de tarta, una salsa o incluso una marca de un zapato ajeno: la receta perfecta para el pánico nupcial.
Pero en lugar de frotar la mancha con fuerza con una servilleta, detente. Frotar demasiado puede extender la mancha o dañar el tejido.
Prepara con antelación un pequeño kit de emergencia: servilletas limpias, una aguja, hilo del color adecuado, unas tijeras pequeñas y un quitamanchas que sea seguro para el tejido de tu vestido.
Y la mejor estrategia es delegar el problema en otra persona. Tú eres la novia, no una empleada de la tintorería.
Los tacones altos quedan espectaculares. Pero si no estás acostumbrada a pasar diez horas con ellos, la boda puede convertirse fácilmente en una verdadera prueba de resistencia.
Por eso, llevar un segundo par de zapatos no es un capricho, sino una auténtica estrategia de supervivencia.
Pueden ser bailarinas, sandalias cómodas, zapatillas deportivas o cualquier otro calzado con el que puedas bailar hasta bien entrada la noche. Y no hace falta esperar a que se rompa el tacón: puedes cambiarte de zapatos antes de que empiecen a dolerte los pies.
Porque es mucho mejor bailar descalza de felicidad que permanecer sentada a la mesa con cara de heroína por culpa de las ampollas.
Aunque el navegador diga que el trayecto dura 35 minutos, el día de la boda es mejor no correr riesgos.
Deja un margen de tiempo y, unos días antes de la ceremonia, comprueba la ruta el mismo día de la semana y aproximadamente a la misma hora. El día de la boda, revisa el estado del tráfico justo antes de salir.
Guarda con antelación una ruta alternativa y facilita al conductor los datos de contacto del coordinador o del organizador.
Y si aun así te retrasas, no malgastes tus nervios en entrar en pánico. Unos minutos de retraso no pueden arruinar todo el día.
Has preparado la lista de invitados, contado las sillas, los platos y las raciones, y de repente ves a una persona que no estaba en tu lista.
O un invitado que debía venir solo aparece con su pareja. O alguien decide llevar a su hijo aunque no lo habíais acordado.
Para evitar un drama en mitad de la celebración, prepara algunos asientos y juegos de cubiertos adicionales. Es mejor que sobren a tener que solucionar el problema delante de todos los invitados.
Y para evitar situaciones similares en el futuro, indica claramente en las invitaciones cuántas personas están invitadas. Si surge una situación incómoda, es preferible dejar que el organizador o coordinador se encargue de ella en lugar de resolverla personalmente.
El fotógrafo se pone enfermo. El florista confunde la fecha. La tarta llega equivocada. El decorador se retrasa.
Precisamente para estas situaciones necesitas un plan B.
Al elegir a los proveedores, no te fijes únicamente en una bonita página en redes sociales. Comprueba las reseñas, revisa el portafolio, haz todas las preguntas que consideres necesarias y, siempre que sea posible, firma un contrato con las condiciones claramente especificadas.
Unos días antes de la boda, confirma con cada profesional la fecha, la hora, la dirección y el trabajo acordado.
Y para los servicios imprescindibles, ten a mano los contactos de profesionales alternativos. Especialmente si se trata del fotógrafo, videógrafo, maestro de ceremonias o servicio de catering.
Habías planeado una ceremonia al aire libre y, de repente, la previsión anuncia lluvia. O sucede justo lo contrario: en lugar de un agradable día de verano llega un calor tan intenso que hasta el maquillaje empieza a derretirse.
Una boda al aire libre siempre necesita un plan alternativo.
Si la ceremonia está prevista en el exterior, piensa con antelación en un lugar al que puedas trasladar a los invitados: un salón, una carpa, un cenador u otro espacio cubierto.
Para el calor serán útiles los ventiladores, el agua, los abanicos y las zonas de sombra. Para la lluvia: paraguas, mantas y toallas. Y para una sesión de fotos después de un chaparrón, no estará de más llevar un par de zapatos de repuesto.
Lo más importante es no intentar luchar contra el tiempo. Si empieza a llover, conviértelo en parte de vuestra historia. A veces, las fotos bajo un paraguas son las que años después terminan convirtiéndose en las favoritas.
Es esa pesadilla nupcial en la que ninguna novia quiere siquiera pensar. Los anillos pueden haberse quedado en casa, perderse en el coche o simplemente acabar en el bolsillo equivocado.
Primera regla: no entrar en pánico.
Si las joyas realmente han desaparecido antes de la ceremonia, pide al organizador o a alguien cercano que compruebe tranquilamente todos los lugares donde podrían haber quedado.
Y si no aparecen antes de la ceremonia, eso no significa que haya que cancelar el enlace. Podéis hacer un intercambio simbólico con otras joyas o incluso crear unos anillos temporales con flores o cintas.
Después, quizá encarguéis unos anillos nuevos. Y dentro de diez años probablemente os reiréis recordando cómo vuestra boda perfectamente organizada comenzó con una improvisación.
La paradoja del día de la boda es que cuanto más intenta la novia hacer que cada minuto sea perfecto, más dolorosamente vive cualquier desviación del plan.
Pero una boda no es una obra de teatro en la que cada actor tenga que salir al escenario exactamente en el segundo previsto.
Puede empezar a llover. Alguien puede llegar tarde. Una amiga puede emocionarse y llorar durante el brindis. La tarta puede inclinarse un poco. El peinado puede perder algunos rizos. El fotógrafo puede pedirte que repitas alguna foto.
¿Y sabes qué?
Dentro de unos años probablemente ni siquiera recordarás la mitad de esos pequeños inconvenientes.
En cambio, recordarás el momento en que viste a la persona que amas frente al altar, vuestro primer baile, las risas de los amigos, los abrazos de los padres y esa sensación tan especial: «Es esto. De verdad lo hemos conseguido».
Por eso, prepara un kit de emergencia, unos zapatos de repuesto, los contactos de todos los proveedores y un plan B por si hace mal tiempo. Pero deja también un pequeño espacio para lo imprevisible. Porque las mejores historias de boda suelen empezar precisamente con estas palabras: «¿Te acuerdas de cuando todo salió completamente distinto de lo planeado?»

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