Hay relaciones en las que queremos quedarnos porque al lado de esa persona nos sentimos más cálidos, más vivos y más tranquilos. Y hay otras en las que no nos aferramos a la persona, sino simplemente al hecho de no estar solos.
Hay relaciones en las que queremos quedarnos porque al lado de esa persona nos sentimos más cálidos, más vivos y más tranquilos. Y hay otras en las que no nos aferramos a la persona, sino simplemente al hecho de no estar solos.
A veces es difícil notar la diferencia entre estos dos estados. Especialmente cuando deseamos profundamente amor, apoyo y la sensación de que alguien nos elige a nosotros.
Pero hay una pregunta importante que debemos hacernos con sinceridad: «¿Me gusta esta persona o simplemente tengo miedo de quedarme solo/a?»
La respuesta puede depender no solo de la calidad de la relación, sino también de nuestra propia sensación de felicidad.
La sociedad a menudo crea la ilusión de que estar en pareja es una condición indispensable para tener una vida feliz.
A nuestro alrededor, algunas personas se comprometen, otras publican fotos románticas y otras cuentan sus viajes juntos. Y en algún momento puede aparecer un pensamiento incómodo: «¿Por qué yo no tengo eso? ¿Quizás hay algo mal en mí?»
Es entonces cuando surge la tentación de aceptar una relación simplemente porque apareció alguien que mostró interés por nosotros.
Puede que no nos guste la persona en sí, sino la sensación de:
— ser importantes para alguien;
— no tener que volver más a un apartamento vacío;
— tener con quién ir al cine o dar un paseo;
— poder demostrar al mundo: «Yo también estoy en una relación».
Pero el problema es que una imagen bonita no siempre significa una verdadera conexión.
A primera vista parece lógico pensar: ¿qué importa por qué dos personas están juntas si ambas están bien?
Pero existe una gran diferencia entre «estoy bien contigo» y «tengo miedo de estar sin ti».
Cuando nos guía el cariño verdadero, queremos conocer a la otra persona. Queremos entender sus pensamientos, sus hábitos, sus sueños, sus fortalezas y sus debilidades. Poco a poco descubrimos una personalidad, no simplemente el papel de una pareja.
Cuando el principal motivo es el miedo a la soledad, podemos empezar a aferrarnos incluso a relaciones que nos hacen infelices.
Precisamente por ese miedo muchas personas permanecen donde:
— reciben críticas constantes;
— sus sentimientos son menospreciados;
— tienen que cambiar por su pareja;
— soportan situaciones que realmente les hacen daño.
A veces el miedo a quedarse sin pareja se vuelve más fuerte que el deseo de ser feliz.
¿Te gusta realmente esa persona o simplemente el hecho de estar en una relación?
Imagina que nadie conoce vuestra historia de amor. No hay fotos en redes sociales, no hay comentarios positivos de amigos, no existe el estado de «en una relación».
¿Seguirías queriendo pasar tiempo con esa persona?
¿Te interesa escuchar sus historias? ¿Quieres conocer sus pensamientos? ¿Te gusta simplemente estar a su lado?
A veces descubrimos que nos gusta más la idea de una relación que la propia persona.
Al comienzo de una historia romántica casi todos queremos mostrar nuestra mejor versión.
Pero si con el tiempo sientes que tienes que interpretar un papel constantemente, esconder tus deseos o cambiar tu personalidad para que no te abandonen, vale la pena reflexionar.
Una relación sana no exige renunciar a ti mismo.
La persona adecuada para ti no te obliga a convertirte en alguien diferente.
Esta pregunta es especialmente importante si ahora mismo tienes pocas fuentes de alegría en tu vida.
Si mañana aparecieran nuevos intereses, un trabajo apasionante, más amigos y más experiencias, ¿seguiría siendo importante esa persona para ti?
¿O te aferras a ella solo porque llena un vacío?
Junto a la persona que amamos a menudo nos sentimos más felices. Y eso es completamente normal.
Pero existe una diferencia entre:
«Estoy bien contigo»
y
«Sin ti no soy nadie».
El primer pensamiento habla de cercanía. El segundo habla de dependencia de la relación como una forma de escapar de la soledad interior.
Si una persona no escribe durante varias horas, puede provocar cierta preocupación. Es normal.
Pero si aparece el pánico:
«Me ha abandonado»,
«Ya no le importo a nadie»,
«Me quedaré solo/a para siempre» —
puede ser una señal de que el miedo a perder a alguien se ha vuelto más fuerte que los propios sentimientos.
Los psicólogos llaman a este tipo de reacciones una señal de apego ansioso. Pero esto no significa automáticamente que tu pareja no sea adecuada para ti. Es importante observar la relación en su conjunto.
Al principio del enamoramiento es natural querer pasar la mayor cantidad de tiempo posible juntos.
Pero si tu pareja se convierte en la única fuente de felicidad, puede ser una señal de alerta.
En una relación sana, dos personas enriquecen la vida de la otra, pero no se convierten en la única razón de existir.
El amor no debería sustituir tus propios sueños, amistades, intereses y desarrollo personal.
No es necesario tomar una decisión de la noche a la mañana.
Los sentimientos son complejos. A veces necesitamos tiempo para comprender qué sentimos realmente.
Intenta observarte:
— ¿Esta relación me da paz o ansiedad constante?
— ¿Junto a esta persona me convierto en una mejor versión de mí mismo/a?
— ¿Me quedo porque amo o porque tengo miedo de irme?
La verdadera atracción suele traer curiosidad, calidez y deseo de conocer más profundamente a la otra persona.
El miedo a la soledad suele llegar acompañado de prisa, ansiedad y la sensación: «Necesito estar con alguien ahora mismo».
A veces las relaciones más importantes de nuestra vida no comienzan cuando encontramos a otra persona, sino cuando finalmente aprendemos a estar bien con nosotros mismos.

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