Cuando escuchamos la palabra «colesterol», enseguida pensamos en alimentos grasos, infartos y dietas estrictas. Algunas personas temen comer incluso una yema de huevo, otras compran costosos suplementos para «limpiar las arterias» y otras están convencidas de que, si son delgadas y se sienten bien, este problema no tiene nada que ver con ellas.
Cuando escuchamos la palabra «colesterol», enseguida pensamos en alimentos grasos, infartos y dietas estrictas. Algunas personas temen comer incluso una yema de huevo, otras compran costosos suplementos para «limpiar las arterias» y otras están convencidas de que, si son delgadas y se sienten bien, este problema no tiene nada que ver con ellas.
En realidad, todo es mucho más complejo… y al mismo tiempo, más sencillo.
Los cardiólogos llevan años insistiendo en que alrededor del colesterol existen más mitos que hechos. Hemos reunido las preguntas más frecuentes que muchas personas no se atreven a hacer al médico y explicamos qué dice realmente la medicina moderna.
Por desgracia, no.
Esa es precisamente la mayor trampa del colesterol alto.
No duele.
No produce picazón.
No provoca debilidad ni mareos.
En la mayoría de los casos, una persona puede pasar años sin sospechar que tiene un problema, hasta que ocurre un evento cardiovascular grave, como un infarto o un ictus.
En algunos casos pueden aparecer depósitos amarillentos alrededor de los ojos u otros signos visibles, pero esto no sucede en todas las personas. Por eso, la única forma fiable de conocer el nivel de colesterol es mediante un análisis de sangre.
Porque siempre es mejor prevenir que tratar.
Los especialistas recomiendan realizar al menos una vez un perfil lipídico en la edad adulta, incluso si no existe ninguna molestia. Si además hay antecedentes familiares de infartos precoces, ictus, diabetes o colesterol alto, los controles periódicos son aún más importantes.
Cuanto antes se detecte el problema, mayores serán las posibilidades de prevenir enfermedades cardiovasculares.
Sí, y esta es una de las mayores sorpresas.
El exceso de peso es solo uno de los factores de riesgo.
También influyen:
Por eso, incluso una persona que lleva una alimentación saludable, hace ejercicio y tiene una figura envidiable puede presentar niveles elevados del llamado «colesterol malo».
La apariencia física, por sí sola, no es un indicador fiable.
No.
Sin colesterol, nuestro organismo simplemente no podría funcionar.
Es necesario para:
El problema no es el colesterol en sí, sino el exceso de determinadas fracciones, especialmente las lipoproteínas de baja densidad (LDL), conocidas como «colesterol malo».
Son estas las que pueden acumularse en las arterias y favorecer el desarrollo de la aterosclerosis.
No necesariamente en todos los casos, aunque cuando están indicadas, el tratamiento suele ser prolongado.
Las estatinas no «curan» el colesterol de una vez por todas. Ayudan a mantenerlo bajo control y reducen de forma significativa el riesgo de infarto e ictus.
El popular mito de que «dañan el hígado» no está respaldado por las investigaciones actuales. Para la mayoría de los pacientes, se consideran medicamentos seguros cuando son prescritos y controlados por un médico.
No exactamente.
Aproximadamente el 80 % del colesterol lo produce el propio organismo y solo una parte procede de la alimentación.
Eso no significa que podamos comer cualquier cosa. El exceso de grasas trans, los alimentos ultraprocesados y la obesidad sí aumentan el riesgo de alteraciones del metabolismo de los lípidos.
Pero las dietas extremadamente restrictivas tampoco son la solución. Lo ideal es una alimentación equilibrada, rica en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, pescado y grasas saludables.
Para muchas personas, esta es una buena noticia.
Si el café no le provoca palpitaciones ni otros síntomas desagradables, su consumo moderado generalmente no se considera perjudicial para el corazón.
Además, las investigaciones actuales no demuestran que el café aumente por sí solo el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Como en todo, la clave está en la moderación.
Este mito existe desde hace décadas.
Es cierto que la yema contiene colesterol, pero los huevos también son una excelente fuente de proteínas, vitaminas y minerales.
Hoy en día, la mayoría de las recomendaciones no aconsejan eliminar los huevos de la dieta de las personas sanas. Es mucho más importante prestar atención al conjunto de la alimentación que a un solo alimento.
Lamentablemente, no.
Ningún alimento puede limpiar las arterias de forma inmediata.
Sin embargo, algunos hábitos alimentarios sí ayudan a mantener un perfil lipídico saludable. Conviene incluir con frecuencia:
No sustituyen un tratamiento cuando este es necesario, pero sí forman parte de un estilo de vida saludable.
Es comprensible querer encontrar una solución sencilla.
Sin embargo, actualmente no existen pruebas sólidas de que los suplementos más populares reduzcan el riesgo de infarto o ictus con la misma eficacia que los medicamentos prescritos por un médico cuando están indicados.
Además, tomar suplementos sin control también puede resultar peligroso.
Por eso, si un especialista recomienda un tratamiento, no conviene sustituirlo por consejos encontrados en internet o por remedios «milagrosos».

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